British Historical Archive

Sir Ernest Henry Shackleton

Feb 15,1874 - Jan 05, 1922

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La más apasionante historia de Sir Ernest Henry Shackleton, su tripulación y su navio Endurance (que traducido significa Resistencia), les presentamos en esta página; durante su gestión en Punta Arenas en 1916 tanto al zarpe como al arribo de la Escampavia Yelcho, fuimos parte de esa historia, donde nuestras instalaciones albergaron a aquellos sacrificados sobrevivientes. Mrs. Chippy (cat), y los perros fueron los únicos que no regresaron, aqui dejamos un testimonio fotográfico de ellos. (Carlos González M. webmaster) Ruta Histórica - INACH

Se buscan hombres para peligroso viaje, bajo sueldo, frio extremo, largos meses de completa oscuridad, peligro constante, no se asegura retorno con vida, honor y reconocimiento en caso de éxito. (unas 4000 personas respondieron al aviso de Shackleton)

“¿Para que se va al Polo?....¿qué objeto tiene? Se preguntan esos hombres para los cuales nada hay en la vida que valga la pena aparte de las libras esterlinas. Es cierto: no se va la Polo a ganar dinero, y quizás transcurrirán muchos años, hasta que la humanidad obtenga algún resultado práctico de esos viajes portentosos. Por hoy se va al Polo, para acometer empresas heroicas, para vencer dificultades sobrehumanas, para probar que la caballería no ha muerto. Hemos tenido de huésped a uno de esos esforzados campeones que los primeros años de nuestro siglo pusieron sitio cada vez más estrecho a los Polos del mundo, hasta lograr conquistarlos. Todos conocemos la conmovedora historia de su última y audaz tentativa de cruzar el continente antártico, el naufragio de su buque en medio de los hielos del Sur y la prodigiosa odisea en cuyo feliz desenlace tuvo su parte un marino Chileno, bajo los pliegues de nuestra querida bandera nacional...”

(Pacifico Magazine, Vol. VIII. Santiago de Chile, Octubre de 1916, Núm. 46)

Shackleton's Grave, Grytviken Cemetery, South Georgia - Yelcho : bow and plate, Puerto Williams, Navarino Island.

THE JAMES CAIRD SOCIETY Journal Nro.6 March 2012

The Southton 2012 report (by Carlos González M. Anglican Society) (escrito original pdf.)

http://patlibros.org/mts/transcripts.php?trx=19160706

Pacifico Magazine, Vol. VIII. Santiago de Chile, Octubre de 1916

El Rescate de la Escampavia Yelcho

 

El Escritor e historiador Jorge Berguño, en su libro “Las 22 vidas de Shackleton”, relata:

“En este ambiente, la cruel incertidumbre incubaba el demonio de la desesperanza. Transcurrieron pausados los días, hasta llegar al 30 de agosto de 1916. La jornada comenzó con la misma rutina de los días precedentes. Al amanecer, el cielo estaba limpio y la temperatura era muy baja. Todo prometía un día luminoso con un firmamento claro. No ocurrió así y, antes del mediodía, densos nubarrones cubrieron el cielo azulado y el escenario se ensombreció, como ya era costumbre en este clima de esperanzas y decepciones… Fueron subiendo por turnos a la cima del promontorio que les servía de atalaya y comprobaron, una vez más, que no se divisaba barco alguno en el horizonte. Esta ascensión al mirador se había convertido en un hábito, que cumplían movidos por un automatismo casi sin sentido, un rito al cual se habían acostumbrado. Escalaban aquella cima sin expectación y descendían por el trillado sendero sin ninguna desilusión. Después del desayuno, comenzaron a excavar la nieve en los alrededores de la choza. Ya avanzada la mañana decidieron interrumpir esa fatigosa tarea y, aprovechando que la marea estaba baja, se dedicaron a recoger lapas en el agua próxima a la orilla de la pequeña ensenada. El cocinero hacía un esfuerzo de imaginación para preparar un almuerzo, necesariamente frugal, pues los víveres se habían consumido por entero. Tuvo lista la comida poco después de mediodía y se reunieron a comer, en silencio y algo desganados. Todos menos uno que subió al promontorio para tomar unos apuntes a lápiz. Era el artista Marston. Minutos después oyeron sus pasos. A grandes zancadas, corría casi despeñándose a lo largo de la senda. Pero nadie hizo caso. Llegaba tarde al almuerzo, eso era todo. Cruzó algunas palabras nerviosamente pronunciadas con el jefe de grupo en la isla y los demás escucharon a Frank Wild preguntar:

¿No será mejor que enviemos algunas señales de humo?

Un silencio descendió sobre el círculo de hombres que se miraron unos a otros estupefactos. De inmediato comprendieron de qué se trataba y antes que hubiese tiempo para una respuesta, se levantaron todos y corrieron, atropellándose los unos a los otros, hacia la vivienda a ponerse las botas, dejando olvidada la comida. A media milla de la costa, podían ver claramente, sin lugar a dudas, un pequeño navío. Se dirigía ahora hacia la playa. Continuó aproximándose hasta unos centenares de metros y luego se detuvo. Los hombres de tierra vieron, como si estuviesen presenciando un filme increíble, que se arriaba un bote y en él se embarcaban seis hombres. Tres espontáneas hurras sonaron en el espacio. La excitación en la isla era tan intensa que los hombres reían o sollozaban inconteniblemente, mientras se abrazaban o saltaban sobre la arena y las piedras de la playa. Algunos de ellos, todavía desconcertados por lo que estaba ocurriendo, trataban de situar en la mira de sus recuerdos el pabellón tricolor que flameaba a popa de la nave salvadora.

Mientras tanto, a bordo de la escampavía Yelcho , el primer oficial León Aguirre escribía con nerviosos trazos en el libro bitácora: "11.30. Se llega a Isla Elefante. Se arría chalupa grande tripulada con cuatro hombres, Sir Ernest Shackleton y Tom Crean. Va a la isla regresando a los 15 minutos con 12 de los náufragos. Antes de llegar avisa Sir Ernest Shackleton que no hay novedad en su gente y la tripulación contesta con ¡hurras! a los cuales responden los náufragos con grandes vivas a Chile, a la Yelcho y a su comandante. Vuelve a regresar la chalupa a tierra a recoger el resto de la gente, regresando a la 2.15 PM. Inmediatamente se iza la chalupa, a mano, apegando a la tira todos los náufragos que se demuestran en buena condición".

Una de las mayores hazañas realizadas en el presente siglo: escrita tal como había sido efectuada, sin alardes, con sencilla claridad, con el sello profesional de la Armada y el carácter de su gente.

Una vez todos a bordo del buque, el Comandante Pardo Villalón ordenó zarpar, poniendo proa rumbo al norte. El momento más delicado estaba salvado. Desde ese instante, nuestro país contaba también con unas líneas en el libro de la historia de los grandes salvamentos. A la vez que se fortalecía, con este acto de arrojo, la propiedad de esas tierras y mares helados. Pues el destino, colaborando con Chile, había abierto las puertas de aquellos lugares aparentemente inaccesibles exclusivamente a su verdadero dueño, entregando al mundo la prueba más palpable de esa simbiosis permanente del hombre chileno con su tierra y su mar.”

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