British Historical Archive

PRESENCIA BRITANICA EN MAGALLANES

Proceso del descubrimiento y exploración.

En la Historia de casi cinco siglos de Magallanes, desde 1520, llama la atención la presencia de británicos, sus gentes e individuos. Protagonistas de la historia magallánica han sido navegantes, exploradores, científicos, colonos, técnicos, inmigrantes hombres y mujeres que con su diario vivir y existencias integran y enriquecen nuestra historia.

En 1578 el Capitán Corsario Francis Drake, arribo a las aguas australes en demanda del Océano Pacifico, hasta entonces de dominio Español. De su viaje quedarían al descubierto lo insular de Tierra del Fuego.

Tras su huella siguieron Thomas Cavendish, Andrew Merrick y Richard Hawkins en plan de corso, de cuya navegación quedaron nuevos aportes a la realidad territorial desconocida por aquellos días. Estas empresas de corso manifestaban el creciente y sostenido interés de la Corona, por la Región Magallánica, con proposiciones y proyectos que insinuaban intenciones sobre el dominio español de estas tierras; en el contexto de la política europea y mundial, por la conquista de nuevas colonias y la explotación de riquezas, de los nuevos territorios y del consiguiente comercio marítimo.

En el siguiente siglo el aporte de los bucaneros: Bartolomé Sharp, William Dampier, John Strong y John Clipperton, resulto irrelevante para la geografía y la expresión cartográfica, aunque el viaje de Strong determina el inicio de la historia botánica de Magallanes, por la colecta del cirujano George Handisyd, durante su paso por el Estrecho de Magallanes.

Mayor importancia tuvieron durante el curso del siglo XVII y parte importante del XVIII, las exploraciones científicas que se inicia con el Capitán John Narborough en 1670-71 y posteriormente los Capitanes John Byron, Samuel Wallis, Philip Carteret y James Cook alrededor de la costa fueguina, con resultados importantes en el conocimiento geográfico, de la vida natural y la existencia y hábitos de los Aonikenk.

El verdadero esfuerzo científico y progreso a la navegación, lo ejecuto la campaña emprendida por la Real Armada Británica entre 1826 y 1834 que tuvo a los Capitanes Philip Parker King y Robert FizRoy y sus tripulaciones, entre ellos Pringles Stokes, William Skyring, John Wickham y Matthew Murray entre muchos colaboradores. Fue un trabajo marítimo y científico laborioso y de elevado sacrificio a tal grado que pudo conocerse la intrincada geografía magallánica, con memorables trabajos hidrográficos, que dejaron su huella con las actuales denominaciones Británicas, que han resistido el paso del tiempo y conforman un homenaje a esos hombres que, en estas aguas y costas cumplieron una tarea abnegada y provechosa como ninguna otra.

Mapas generales, producción cartográfica y planos sectoriales y de detalle, fue el resultado de estos trabajos científicos que hizo obligatorio su empleo en la navegación austral, siendo la primera actividad beneficiaria de ese esfuerzo náutico y técnico; posibilitando la navegación y operaciones marítimas con mayor seguridad, y dando fin a la incógnita que existían de Magallanes, posibilitando nuevas rutas por canales interiores y el Estrecho de Magallanes a la navegación interoceánica.

Ya 1839 la cartografía ajustada al enorme progreso alcanzado en su precisión a la realidad física territorial; siendo el conocido geógrafo John Arrowsmith quien publico en Londres el mapa South América, sobre la base de los originales incluyendo el relevamiento de los Navíos de S.M. Adventure y Beagle. Esta notable pieza que incluía un menor mapa del extremo meridional al Cabo de Hornos, debe ser el primer mapa moderno de la Patagonia y de la Región de Magallanes.

En la segunda expedición Británica del Capitán Robert Fitz Roy, marca la diferencia cuando Phillip Parker King, mostro su lado más científico. La cantidad de información naturalista y etnográfica fue impresionante, que permitieron la elaboración de modernos estudios sobre Geología, mineralalogia, paleontología y zoología, sobre la vida aborigen de la Patagonia. Apenas tres años después del viaje del Beagle, se dio a conocer una obra voluminosa: Narración de los viajes de levantamiento de los buques de S.M. Adventure y Beagle en los años 1826 a 1836 (en Londres 1839). Robert FitzRoy como narrador y Charles Darwin como expositor científico se inicio una producción bibliográfica sobre la materia, que perdura hasta nuestros días, que por sí sola muestra la densidad y riqueza informativa de tan memorables expediciones.

Grande fue el revuelo que provocaron las apreciaciones del joven naturalista Charles Darwin, provocando controversia sobre la vida y la naturaleza. Accesible a las gentes ilustradas a través de lo fidedigno de sus versiones, fue predisponiendo los ánimos hacia acciones conducentes a un conocimiento todavía más profundo para el hombre civilizado. El trabajo Hidrográfico y científico de las tripulaciones Británicas fue mucha mas allá de lo que pudieron prever sus inspiradores y ejecutores, que colocaron a la región Magallánica en el umbral del mundo y por ende en la historia mundial.

Cerrando el ciclo de exploraciones hidrográficas y científicas Británicas, hay que mencionar las comisiones de los Buques: Alert, Nassau, Challenger y Sylvia, realizada entre 1866 y 1883 y bajo el mando de los Capitanes Richard Mayne, George Nares y W.J. Wahrton, en la que participaron un selecto grupo de personas y entre los científicos estaban los naturalistas: Robert Cunningham, Richard Coppinger y H.N. Moseley, que fueron un complemento al progreso geográfico, para la seguridad de la navegación por las aguas interiores de Magallanes y de las ciencias naturales de la región austral.

En 1869 se inicia en Punta Arenas un viaje transpatagonico por el antiguo Comandante de la Armada Real George Muster, que contribuyo al conocimiento del pueblo aborigen austral, en especial de los aonikenk o tehuelche, experiencia escrita en su obra magistral: At Home With Patagonians.

En 1843 Chile había tomado Posesión efectiva del Austro y fundado un establecimiento, primero Fuerte Bulnes y después en Punta arenas, en 1848, iniciándose la ocupación colonizadora y el desarrollo del territorio Magallánico, proceso que cobraría vigor a partir de 1867-68, con la notable participación de los británicos.

Proceso de colonización

En efecto, esta situación coyuntural de que se trata, no habría podido darse de la forma en que históricamente se dio, de no haber coincidido con el comienzo de la navegación regular entre Europa y la costa del Océano Pacifico, a través del Estrecho de Magallanes por parte de la Pacific Steam Navegation Company, gracias al hecho auspicioso de la recalada obligada en la entonces pequeña colonia de Punta Arenas, circunstancia favorable que puso al territorio en mejor plan de relación con los Países del viejo mundo y con la costa central de Chile. Gracias a la conexión marítima regular de la compañía inglesa, Punta Arenas pudo, en cierto sentido, abrirse al mundo y recibir los beneficios del comercio internacional.

Así, junto con otras medidas de fomento dispuestas por el gobierno Chileno, el territorio colonial entro en una senda de progresivo desenvolvimiento y adelanto. Contribuyo a ello, de manera eficaz, la llegada de inmigrantes europeos entre ellos ciertamente de origen Británico, los primeros -, quienes no demoraron en establecer actividades económicas que a su tiempo estimularon el desarrollo local. Hemos registrado la presencia inicial de sobre dos centenares de inmigrantes de esa nacionalidad entre 1870 y 1890, circunstancia que condujo a la instalación del primer agente consular de Gran Bretaña en Magallanes ya en 1875 y que fue la primera representación de su género en el territorio.

Estos emigrantes se ocuparon de diversos trabajos productivos propios de la época y de una zona de frontera colonizadora como la caza de lobos marinos, y el tráfico de pieles silvestres, la minería carbonífera y aurífera, la explotación forestal, la navegación y el rescate de naufragios, algunas faenas artesanales y el comercio de importación y exportación, actividades todas que a su tiempo contribuyeron a generar mayor movimiento, trabajo e ingresos económicos para la Colonia Magallánica.

Pero, sin duda la actividad productiva que resultaría decisiva y determinante para el rumbo progresista territorial por la intervención que en ella cabria a los británicos, fue la crianza ovina. En efecto la decisión feliz del Gobernador Diego Dublé Almeida de traer una partida de 300 ovejas desde la Islas Falkland en 1876 y su ulterior adquisición por parte de Henry Reynard, un empresario que habría dado muestras cabales de su empuje y creatividad, darían principio a contar de 1877 a la actividad que en poco tiempo se transformaría en la industria que vertebraría y encaminaría en su evolución el progreso y la prosperidad del territorio Magallánico y de toda la Patagonia Austral y la tierra del Fuego e islas adyacentes.

Efectivamente, tras el ejemplo aleccionador de Reynard, muchos otros empresarios, mayormente de origen Británico, en un comienzo, la ganadería ovina adquirió proporciones impensadas, asombrosa inclusive, permitiendo la ocupación paulatina en el distrito centro-oriental y península de Brunswick, en la Isla Grande de Tierra del Fuego y en Ultima Esperanza, para extenderse posteriormente a los territorios argentinos.

Esta actividad productiva se organizo desde un principio bajo las formas, usos, practicas y técnicas de la ganadería anglo-escocesa, el empleo de personal nativo especializado, traído a propósito para el objeto desde las Islas Falkland o desde el Reino Unido, de gentes que habían inmigrado espontáneamente atraída por la fama que iba ganando el territorio austral, con lo que la ganadería lanar recibió el beneficio de la experiencia criadora británica y en pocos lustros adquirió los exigentes estándares que darían prestigio a Magallanes en los mercados europeos donde paso a colocarse la producción de lanas y carnes.

De tal manera puede calificarse a la crianza ovejera como cabal aporte de los británicos para el adelanto territorial magallánico. Esta actividad, dicho sea a de paso, generaría una relación mercantil con el Reino Unido que se prolongaría por más de medio siglo a partir de 1880, haciendo de este el mayor socio comercial de Magallanes durante un importante período de su evolución histórica, incluyendo el uso de la Libra Esterlina, como la moneda del diario vivir.

Del mismo modo esta actividad contribuiría a establecer un verdadero orden caracterizador en las formas de trabajar y de vida, en la inmensidad rural magallánica en particular, incluyendo parte de su vocablo, extendida a la Patagonia toda, cuyas formas han pasado a integrar el acervo tradicional en lo que se refiere a los estilos de vida y trabajo ganadero en la región austral.

Por cierto, la contribución británica no quedo solo allí, pues la ganadería en su desarrollo, como el proceso de adelanto de la colonización, exigieron nuevas expresiones tecnológicas industriales, de administración y de servicios, los cuales únicamente pudieron iniciarse o desarrollarse gracias al concurso de ingenieros, técnicos y expertos británicos, quienes en sus diversos campos cumplieron un rol determinante, mereciendo el calificativo de auténticos pioneros, en cada una de sus correspondientes actividades o empresas.

Así la industria, el comercio, la navegación, la banca y seguros, los servicios telefónicos y telegráficos, en fin, tendrían o mostrarían para la prosperidad una neta y progresiva impronta británica. Mencionaremos entre otros además de Reynard, al Dr. Thomas Fenton, Henry Pye Wood, Thomas Saunders, Ernest Hobbs, Charles Williams, L.L. Jacobs, Frank Towsend, Alexander Cameron, Thomas Burbury, Alexander Morrison, Thomas Boyd, Charles Milward, Thomas P. Jones, Edward Stanton-Yonge y al Ingeniero William Jones artífice y propulsor de las telecomunicaciones australes, en fin todos nombres señeros en una verdadera pléyade de capitanes de empresa de origen británico y de exitoso desempeño en nuestro medio, a los cuales en justicia cupo buena parte de la responsabilidad de la prosperidad y el progreso de Magallanes desde fines del siglo XIX, señalando de manera determinante y significativa su ulterior evolución hasta nuestros días. Por lo tanto, la presencia británica generó el ingreso de la modernidad a la Patagonia toda, como se demostró por el grado de adelanto civilizador alcanzado, por su prosperidad económica, por su pujanza social y por el vigor hegemónico sobre los territorios australes, que exhibiera durante las primeras décadas del siglo Veinte.

Ello fue posible, en el contexto de un fenómeno inmigratorio Europeo, donde los Británicos (ingleses, galeses, escoceses, irlandeses y kelpers, y en menor número los neozelandeses y australianos) ocuparon un cupo importante, al punto que conformaron junto a croatas y españoles los tres mayores aportantes a la inmigración. Es así que durante el periodo histórico más importante para el asentamiento y la consolidación colonizadora entre los años 1890 y 1920, llegaron no menos de dos millares de súbditos británicos ( quizás la mitad escoceses ) entre hombres y mujeres de toda condición, recursos y capacidad. De ellos no menos de la mitad se radicaría en forma permanente en la región formando familias de probado arraigo magallánico.

Proceso Social

En lo societario y en lo referido a la solidaridad mutual cabe mencionar a: British Association of Magallanes, Mutual Benefit Society, British Club, Fundados en 1899, y la British Red Cross, surgida en 1914 con ocasión de la Gran Guerra Europea; en lo educacional corresponde citar al English Church School -23 octubre 1896 antecesora directa del Colegio Británico, y también a otros esfuerzos efímeros o de breve duración como: The Florence Stuart College, The Giffen College y The Magellan English College.

Esta proliferación institucional se daba en una época en que había una colectividad numerosa y hasta cierto punto compacta, que se hallaba consciente de su importancia en el medio y de la necesidad de conservar los valores tradicionales. Del mismo modo, algo tan asociado al espíritu británico como era la práctica del deporte mostro apropiadas manifestaciones creativas: British Sport Club, Magallanes Lawn Tennis club, The golf club, The British Athletic Club, surgidos durante los años 1910 y 1920, y finalmente entre las asociaciones religiosas, filosóficas y culturales recordamos a: The Anglican Society of Magellan (1906), The Masonic Lodge Strait of Magellan, de la misma época, Y finalmente The Magellan Dramatic Society, nacida en 1924 y de larga y provechosa vida artística.

Por otra parte, igualmente interesante fue la creatividad periodística que durante los primeros veinte años del siglo permitió la publicación de diarios como: The Punta Arenas Mail (1906), Parish Notes Saint James Church (1906-7), The Punta Arenas English Magazine (1907-09), The Standart (1908), The Observer a Patagonian Fortnightly (1911), y The Magellan Times (1914-32).

Además, en lo cultural, aunque escasa inicialmente no debe omitirse la producción literaria en lengua inglesa o castellana, entre las que citamos a la precursora Florence Dixie con su Across Patagonia (1879), a Tom P. Jones con su Patagonian Panorama y más recientemente a Elizabeth Dooley con Stream on the Wasteland, Carlos González Macaya con Patagonia When?, How? And Why? 1942-1950 (2005). A Portrait of the British in Patagonia, y las obras de Astrid Fugellie y Marie Boyd, y especialmente de Silvestre Fugellie Mulcahy, descendiente británico por la línea materna, cuya fecunda tarea literaria le ha merecido su incorporación a la Academia Chilena de la lengua. En el terreno del arte pictórico, por fin merece citarse la delicada y apreciada obra acuarelística de Zilly Goudie, de rico valor testimonial sobre paisajes y escenas del pasado magallánico.

No podemos concluir esta reseña sin mencionar la acción misionera entre los indígenas yámanas iniciada a mediados del siglo XIX por el capitán Allen Gardiner en las islas australes, noble tarea en la que dejaría la vida en un esfuerzo proseguido dignamente por la entidad por él creada The Patagonian, después South American Missionary Society, a través de la acción abnegada de los Pastores Waite H. Stirling, Thomas Bridges, John Lawrence y John Williams, en una tarea que significo un esfuerzo impresionante para rescatar de la barbarie a un pueblo indígena y brindarle los beneficio de la civilización y los consuelos de nuestra religión cristiana.

Es posible entender al fin como de prolongada, intensa, variada y rica ha sido la presencia británica en la vida regional, la economía, la cultura y la civilización, tanto para calificarla merecida y justicieramente como una protagonista activa, importante y valiosa en nuestra historia, en una participación por casi cinco siglos, que lo británico es parte de nuestro genuino ser regional.

Hoy The British School, The Anglican Society y British Corporation, permanecen con el legado del pasado Británico de sus descendientes.

Carlos González Macaya

British Historical Archive

Anglican Society of Punta Arenas,

Chile, 2011